Sobre la puerta de la antigua biblioteca de Tebas estaban grabadas las palabras Medicina del alma. Para fortalecer su espíritu o para divertirse, desde el siglo VI a.C. los griegos podían leer o pedir prestados los libros en las bibliotecas públicas. En la Edad Media la finalidad era conservar los libros, y sólo se admitía en ellas a sabios y estudiantes. En el siglo XVII, las biblitoecas se multiplican para transmitir el saber a nuevos lectores, nobles y burgueses. Ya en el siglo XVIII acogen a todo el público.
Hoy en día, creo que con la posibilidad de acceso que brinda la Web, las bibliotecas terminan siendo lugares de estudio y eventual consulta, pero han perdido el aura de "depositarias " de nuestra cultura escrita.